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11 signos de alarma que vigilar en las primeras semanas de vida del bebé

11 signos de alarma que vigilar en las primeras semanas de vida del bebé

Los primeros días tras el nacimiento de un bebé pueden estar plagados de dudas, miedos e incertidumbre relacionados con su salud y bienestar, especialmente si somos primerizos. Por eso, es recomendable consultar con el pediatra cualquier síntoma que nos genere confusión o preocupación, así como aclarar todas nuestras inquietudes en las visitas de control rutinarias.

Sin embargo, hay ciertas señales que requieren de una atención especial e incluso inmediata, y que no debemos pasar por alto.

Color de la piel

Por lo general, la piel del bebé tras su nacimiento presenta una coloración rojiza que se intensifica cuando llora. Otra característica típica es la presencia de una sustancia blanquecina llamada vérnix, así como el color amoratado en sus pies y manos.

Pero la presencia de alguna de las siguientes tonalidades podría indicar un problema de salud que requiera de atención:

  • Piel amarilla: entre el segundo y tercer día de vida, la piel de muchos bebés puede ponerse un poco amarillenta debido al aumento de la bilirrubina en sangre, un pigmento amarillo que debe ser metabolizado por el hígado. La ictericia del neonato es un proceso transitorio y normal que suele desparecer a los diez días aproximadamente, pero si la cifra de bilirrubina sobrepasa los niveles de seguridad, se requerirá tratamiento de fototerapia. Por eso, ante una coloración amarillenta en la piel de nuestro bebé debemos consultarlo con el pediatra.
  • Piel azulada o morada: aunque es frecuente que los recién nacidos tengan los pies y las manos algo amoratados, jamás deberían presentar esta coloración en otras partes del cuerpo como el interior de la boca, los labios o la lengua. Cuando esto ocurre es debido a una falta de oxígeno que puede estar provocada por diversos factores, como problemas respiratorios o cardiopatías. En estos casos, la atención médica debe ser urgente.
  • Piel pálida o grisácea también puede ser signo de enfermedad o hipotermia, por lo que ha de consultarse de inmediato.
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Manchas o erupciones en la piel

Algunos bebés presentan manchas de nacimiento, siendo las más habituales los hemangiomas planos o nevo simple (muy conocidos el beso del ángel y el picotazo de la cigüeña), que son manchas rojas por formaciones vasculares superficiales, que normalmente van desapareciendo con el paso de los meses .

En algunos casos, el hemangioma es más abultado, como consecuencia de la dilatación de vasos sanguíneos en la parte más superficial de la piel. En los primeros meses puede aumentar un poco de tamaño, pero por norma general suelen desaparecer solos con el paso del tiempo. Podemos encontrar también la mancha mongólica, muy común en bebés con la piel morena y que también es benigna.

Todas estas alteraciones en la piel del bebé son benignas, y en muchos casos desaparecen por sí solas al cabo del tiempo. Sin embargo, es muy importante consultar con el pediatra cualquier manchita o granito que apreciemos en el cuerpo de nuestro bebé, con el fin de que pueda valorarlo y nos indique cómo debemos actuar. Si esas manchas aparecieran de forma repentina y/o acompañadas de otros síntomas, la valoración debe ser urgente.

El aspecto de sus fontanelas

El recién nacido no tiene los huesos del cráneo soldados porque su cabeza tiene que crecer, y con ella su cerebro. Al no existir esa soldadura, en los espacios donde están las suturas podemos encontrar unas zonas blandas, sin hueso, conocidas como fontanelas.

Si las fontanelas presentan alguno de los siguientes aspectos, debemos consultarlo de inmediato con el pediatra:

  • Fontanela hundida o deprimida es signo de deshidratación o desnutrición.
  • Fontanela abultada de manera continuada puede deberse a un aumento de líquido en el cerebro (hidrocefalia) o a algún tipo de inflamación cerebral, normalmente secundaria a infecciones (encefalitis, meningitis,…).
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