La lluvia está sanando las heridas de Australia. Un tercio de los incendios fueron apagados por ella

Los esfuerzos por contener los incendios fueron enormes. Australia movió una cantidad de recursos y voluntarios enorme para tratar la crisis. Sus países vecinos y otras fundaciones sin fines de lucro hicieron todo lo posible para prestar una mano. Pero las llamas seguían. En los mejores días, fueron capaces de detener su crecimiento. En los peores, solo pudieron ver como el fuego crecía y se esparcía por todos lados, sin la más mínima muestra de compasión.

Era (o más bien es, aun quedan focos de incendio activos) una batalla que los expertos sabían que no podrían ganar sin la ayuda de su aliado más poderoso. Desgraciadamente, este también es un aliado caprichoso, que solo hace su aparición cuando considera que es el momento correcto. Y ese momento lo define ella misma, no la voluntad ni las necesidades de las personas. Tuvo que llegar el cambio de estación, y con ello la temporada de lluvias, para que Australia encuentre el alivio que estaba buscando hace meses. 

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